479 años del nacimiento del Inca Garcilaso de la Vega

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Un día como hoy, hace 479 años, nació en el Cuzco, Gómez Suárez de Figueroa, conocido como el Inca Garcilaso de la Vega, quien fue considerado por el maestro Porras como “el primer gran escritor peruano”.

El maestro Porras fue uno de los pioneros en investigar la vida del Inca Garcilaso. Estudios garcilasistas es considerada una de las obras biográficas mejor documentadas sobre la vida de nuestro escritor mestizo en España.

 

Hijo del capitán español Sebastián Garcilaso de la Vega y de la ñusta y princesa inca Isabel Chimpu Ocllo, Gómez Suárez de Figueroa nació el 12 de abril de 1539 en el Cuzco, donde creció escuchando las voces testimoniales de la majestuosidad del Imperio incaico, a través de los relatos que le contaban sus parientes maternos. Gracias a este lazo ancestral, conoció y comprendió los quipus, salvaguardó el quechua -como él mismo lo señaló fue “la lengua que mamé en la leche”-, y disfrutó de las fiestas y costumbres incaicas que aún se resistían a desaparecer a causa del energúmeno propósito español de erradicar todo vestigio de “los hijos del sol”.

El vínculo con la cultura de su madre fue muy fuerte en su niñez. Es por eso, que comprendió e interiorizó esa melancolía y esperanza tímida de sus ancestros que vivían en una tierra que empezaba a españolizarse a pesar de la resistencia cultural que ejercían los últimos descendientes del pueblo incaico. Además, fue testigo de la guerra civil entre los españoles que se disputaban el control del Perú, con lo cual también comprendió la problemática de los soldados de sangre europea y su situación de mestizo entre dos culturas diferentes, antitéticas que, ya en su juventud, confluyen en su pensamiento ambivalente donde empieza a sentirse un poco español y un poco inca.

Luego de la muerte de su padre, se aventuró a partir a España, sin saber que no retornaría al Perú, a pesar de que en algunas ocasiones quiso regresar, pero no pudo concretarlo. Tuvo la esperanza de poder cobrar una pensión por los méritos militares de su padre en América, pero grande fue su decepción y su tristeza al encontrarse con el rechazo a sus demandas por parte de El Consejo de Indias, que acusó a su padre de haber ayudado al rebelde Gonzalo Pizarro a escapar en la batalla de Huarina con un caballo que le cedió.

El joven Gómez Suárez creyó conveniente seguir una carrera militar como su padre. Participó en la represión de los moriscos de Granada y, también, combatió en Italia. Sin embargo, duró muy poco esta faceta de su vida, pues años más tarde decidió dejar las armas y acercarse a la religión, lo cual lo acercó a los círculos humanísticos de Sevilla, Montilla y Córdoba. El dolor que le causó la noticia de la muerte de su madre, seguida de la muerte de su tío le golpeó, pero a su vez, fortaleció su espíritu hambriento de ser reconocido en el mundo intelectual. Es ahí, donde empieza a autonomizar su pensamiento y su vida, y descubre su interés por la historia y los poetas clásicos y renacentistas.

Su primera obra fue la traducción al español de Diálogos de amor del neoplatónico León Hebreo, a pesar de que ésta ya contaba con traducciones en este idioma. El propósito de ello era dejar un trabajo propio, original, demostrando que los mestizos americanos también tenían el suficiente intelecto y capacidad como para producir un trabajo de semejante envergadura. Pero, el Inca no se limitó a solo ser solo un traductor, pues ya tenía en mente un proyecto más ambicioso, que se hizo posible gracias a un acontecimiento muy importante que le sucedió en Madrid al encontrarse con un viejo soldado español, Gonzalo Silvestre, quien, luego, de haber participado en la frustrada expedición de Hernando de Soto en Florida, se embarcó hacia el Perú donde conoció a su padre. El testimonio de Silvestre y dos relaciones manuscritas de testigos presenciales de la expedición de Soto que llegaron a manos de Garcilaso fueron indispensables para la creación de La Florida del Inca que fue terminada en 1592, pero publicada 13 años después en 1605 en Lisboa.

No sería su única creación y contribución al mundo intelectual. Cuatro años más tarde, publica la primera parte de su obra cumbre Comentarios reales de los Incas. Impulsado quizá por la soledad espiritual que sentía al no poder regresar a la tierra de sus ancestros y escuchar los yaravíes andinos que reanimaban la esencia de la cultura Inca, “el primer mestizo peruano” tomó la pluma y el papel para dilucidar y contrarrestar ciertos sofismas sobre el “Imperio del Sol”, dándole voz a los testimonios quechua hablantes que escuchó en la primera etapa de su vida, pues nadie mejor como él para dejar que el quechua a través de su persona contase su versión de los hechos. Por ello, en un claro y elegante párrafo de Comentarios reales, el Inca Garcilaso señala lo siguiente:

“En el discurso de la historia protestamos la verdad de ella, y que no diremos cosa grande que no sea autorizándola con los mismos historiadores españoles que la tocaron en parte o en todo, que mi intención no es contradecirles, sino servirles de comento y glosa y de intérprete en muchos vocablos indios, que, como extranjeros en aquella lengua, interpretaron fuera de la propiedad de ella, según que largamente se verá en el discurso de la historia, la cual ofrezco a la piedad del que la leyere.”

La segunda parte de los Comentario reales de los Incas, más conocida como Historia general del Perú fue publicada póstumamente en Córdoba en 1617, casi un año después del fallecimiento de su autor. En este libro se trata el tema de la Conquista española y el inicio del Virreinato en el Perú, el cual se apega más a la observación testimonial que el Inca Garcilaso hiciese cuando aún vivía en el Cuzco.

Es importante reconocer el enorme aporte cultural de Gómez Suárez de Figueroa, “Inca Garcilaso de la Vega”, no solo por ser – como lo consideran muchos estudiosos de su vida y obra- el primer mestizo de la cultura peruana, sino, además, por ser el primero en darle voz a quienes no lo tenían, en permitirle al quechua contar su versión de los hechos desde su propia lengua, contrarrestando las equívocas interpretaciones que se tenían, hasta entonces, de la cultura Inca y de los acontecimientos que se suscitaron desde la llegada de los españoles a Perú.

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